nuestros colaboradores.

Mi experiencia vivida

Mi experiencia de vida como cuidadora de una paciente que vive la condición del Alzheimer; fue, una como la de cualquier persona que vive esta realidad.  En principio sentí que era un final, fue como entrar a un túnel donde se veía como un embudo.  Donde cada vez el camino se acortaba y era más estrecho.  No veía la posibilidad de salir.  En ese momento fue donde decidí detenerme y aferrarme a mi inteligencia emocional, a la fe.  Fue importante reconocer el momento adecuado de lanzarme y enfrentar la realidad, me llegó el invitado en silencio, callado. 

Cuando llega un invitado que no conocemos se observan  todas las previsiones posibles, para ir preparándonos por si la estadía es larga.  Si conocemos el invitado se nos hace mucho más sencillo manejarlo de forma efectiva.  Si no lo conocemos tenemos que tratar de satisfacer su necesidad en tanteo.  Así hay que hacerlo cuando se recibe un diagnóstico de Alzheimer.

Tenemos que recordar que los seres humanos somos complejos, compuesto por un cuadrante, donde incluye su parte o aspecto físico.  La que nos sostiene.  Tenemos que tener en cuenta, ¿quién lo cuidó?, ¿cómo fue su entorno?, ¿se sentía apoyado?  Esta percepción nos acompaña durante toda la vida.   Otro de los aspectos del cuadrante es el emocional.  Este no solo se piensa sino se siente, se siente en el cuerpo, experimentamos la alegría, el amor y nuestros ojos se llenan de brillo se nos dilata la pupila y hasta se nos sale una lágrima, por emoción.  Aquí debemos tener en cuenta, ¿qué sentimientos se les era permitido manifestar en público, o en privado?  Si nuestro aspecto emocional, como cuidadores  está fortalecido podemos desarrollar una autoestima elevada, la que nos ayudará a ofrecer un cuidado efectivo a nuestro paciente.  La tristeza, la rabia, nos aprieta la garganta, se nos afloja la voz y cada uno de ellos se manifiesta en nuestro cuerpo.  El aspecto intelectual es otro que en este momento puede ser nuestro aliado, ya que a mayor conocimiento, mejor será el cuidado y manejo que le podemos ofrecer a nuestro paciente. 

El aspecto espiritual es el otro elemento del cuadrante y es la manifestación de la fe.  Al conectar con nuestro sentido espiritual, logramos ver la mano de una fuerza superior, que ha de ser la que nos permitirá hacer nuestra tarea desde el amor, desde ser servicio y será el que nos permitirá estar en la situación de ser cuidador y experimentar vivir en paz.

O nos preparamos y nos preguntamos, ¿Ahora qué?  Ahora buscamos los recursos internos que tenemos, evaluamos nuestra área de fortaleza y las de debilidad.  Nos enfrentamos a un proceso de pérdida, como en tantas veces de nuestra vida hemos tenido que hacer.  No es el fin del mundo.  Ofrécete la oportunidad de vivir cada etapa de tu duelo a la par que vas tomando la acción necesaria para que el invitado y tú puedan compartir el mismo espacio y donde tú mantengas el ¨control¨ de la situación.

Primero lo negarás, esto ocurre para mitigar el sentimiento de dolor que vivimos, la frustración que vivimos, en ver a nuestro ser querido deteriorarse, sin poder parar esa condición  De aquí se pasa a la ira y nos vienen los cuestionamientos, sentimos que no es justo.  Los que están a nuestro alrededor deben vernos con amor y no tomar ninguna de nuestras acciones de forma  personal  ya que el nivel de sensibilidad que se vive es muy alto.  Vendrán a nuestra mente muchos, ¿porque a mi papá o a mi mamá? Ellos siempre observaron un estilo de vida saludable.  Comenzamos a manejar nuestro duelo ante la noticia de nuestro invitado.  Es importante  pensar que es una experiencia; pero no somos los únicos, aunque al ser nuestra realidad es la que nos duele.  Después nos llega el coraje, la ira.  Sentimos que todo el mundo se nos viene abajo y todo y todos están en contra nuestra.  Se tiende a llorar con frecuencia y el cuidador actúa con hostilidad, ante la noticia.  Ya en este momento se pasa a vivir estableciendo un pacto, para lidiar y aceptar la realidad.  Luego la tristeza profunda, la depresión, llega y también busca su espacio, se le debe permitir la manifestación de dolor, es otro invitado tu vida.  Ahí se manejan las expectativas de los  que nos rodean.  Los deseos de superar esa crisis y el momento preciso donde llegamos a aceptar la realidad.

Esa es una realidad que es fuerte.  Como todo proceso conocemos el momento en que comenzó; pero no sabemos el tiempo que estará en  nuestras vidas.  Tampoco sabemos los ajustes que tenemos que hacer y tenemos que vivir cada día, tomando decisiones al momento ante cada situación.

Reconozcamos que hay ayudas disponibles, grupos de apoyo, otras personas que han vivido la experiencia. 

Busquemos orientación, información sobre la condición.  Mientras más desarrollemos nuestro aspecto intelectual y espiritual mayor efectividad tendremos manejando nuestro paciente.  Ha de ser fuerte la noticia; pero si estamos informados, será mucho más sencillo el poder manejarlo.

Así que te invito a vivir tu experiencia desde el amor, desde el amor sabio y maduro.  Cuenta con nosotros.

Sra. Delia D. González Vázquez

Psicóloga, Tanatóloga, Teo-terapeuta